su nombre ocupaba toda la calle
debía detener el tránsito para cruzar la avenida
lo cargaba en mi espalda como las alas de un avión
a veces
una de las alas le golpeaba la boca a un policía
entonces debía dejar el nombre en el suelo
y asegurarle que había sido mi culpa
y el hombre de la ley me miraba con ojos furiosos
aún más iracundo porque en su libreta de faltas
no figuraba la posibilidad de llevar preso a un individuo
por andar enamorado por la calle
cargando el nombre de una mujer en su espalda/

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