calabazas en un patio de Ramos Mejía ...

las calabazas colgaban de aquel cielo verde
que cubría el patio de la casa de la Nona,
ella parecía un duende blanco apresurado
siempre con una prenda para lavar
o con dinero para comprar verduras o pescado
y de ser bajita le venía la ventaja de no romperse
la mollera contra las vigorosas calabazas,
mi padre, en cambio, hermoso y alto como un olmo
juraba y rejuraba que arrancaría esos frutos del diablo
y los arrojaría a la calle para que un camión divino
hiciera su lado de justicia sobre la Tierra, 
eso no fue sino hace poco más de dos décadas
pero está enterrado en la memoria con la obstinada
fuerza de una almeja marina en la playa del sur;
ya no sé dónde quedó aquella casa
Nona y Padre descansan el sueño de los Muertos,
esta poesía tiene la gracia de haberme hecho sonreír,
sí, las calabazas colgaban y eran enormes
solo ahora, en mis 35 años, comprendo
que esos frutos estaban allí para que mi padre
se los llevase puestos de sombrero y yo riera
como pocas veces volvería a reír sobre la Tierra/

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